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Estilos de paternidad ¿qué clase de papá eres?

16/January/2021

Hoy es la noche de un día difícil. He podido surfearlo todo con relativo éxito: las clases en línea de mi hijo mayor, atender a mi bebita, cumplir con los deadlines de mi oficina (soy una de las miles de madres haciendo home office durante la pandemia) y mantener la casa limpia y a la familia cuerda, pero estoy agotada. Mi jefe insiste en tener una última videollamda para revisar que todo para mañana esté en orden, y veo a mi esposo sintiéndome culpable, pero él me tranquiliza: “atiende, yo me hago cargo”. De lejos lo veo bañar a ambos niños, danzar de un lado para el otro para darles de cenar y prepararlos para dormir, y pienso “qué suerte tengo de tener junto a mí a un hombre que resultó ser un   papá amoroso e involucrado”.

Mi mamá y mi abuela no gozaron de ese privilegio.

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Mi abuelo ni loco cambiaba un pañal, no acostaba a sus hijos, ni siquiera jugaba mucho con ellos y ni pensar en que fuera cariñoso, jamás los abrazaba o se preocupaba en saber cómo estaban.

Uno de los recuerdos de padre e hijo más prominentes que mencionaba mi papá es de cuando tenía cinco años y era que, aún a su corta edad, lo levantaban muy temprano para realizar las tareas del rancho donde mi abuelo era capataz.

De hecho, aún en mi caso, muchas de estas acciones las viví personalmente: un papá que no jugaba con nosotros, que no estuvo presente en los cuidados cuando fuimos bebés y tampoco estuvo en los momentos importantes de nuestra niñez y juventud.

Hasta mi padre, las cosas se trataban siguiendo patrones que ahora parecen realmente anticuados.

No digo que mi papá no me quisiera o que mi abuelo no quisiera a mi papá, solo que las demostraciones afectivas se realizaban de una forma muy diferente a lo que estamos observando en las nuevas generaciones de papás ¡afortunadamente! 

Probablemente, esta nueva generación está compensando las deficiencias de su propia infancia.

En la actualidad, el rol del padre está evolucionando hacia una figura amorosa, mucho más activa en la crianza y no simplemente la de ser un proveedor de sustento y techo. De hecho, se ha visto que al menos el 90% de los padres residentes (aquellos que viven con la madre y los hijos) participan más, incluso en las actividades prenatales relacionadas con el cuidado y mantenimiento de un embarazo sano.

La idea de que un hombre pueda poseer un instinto de crianza y no solo para ser un proveedor o un desventurado compañero, es relativamente nueva. 

Para la generación de mi abuelo, fue muy controvertido. 

Cuando nací en aquella década de los 70´s, la expectativa de que los hombres hicieran más en la crianza de un hijo estaba cobrando impulso, pero todavía se los consideraba un pobre sustituto de mamá. 

De hecho, hasta ese momento los científicos que estudiaron el desarrollo temprano de los niños miraban exclusivamente a las mamás.

En esa misma década comenzó a trabajarse con la teoría del apego que, tal como se concibió entonces, se centró mucho en la importancia crítica del apego entre un bebé y su mamá en los primeros años de vida y eso coincidía con la suposición de que era la única relación principal que los niños podían formar.

Lo interesante de esto es que poco a poco se estaba llegando a la misma conclusión: los bebés pueden formar un vínculo tan fuerte con papá como con su mamá. 

De esa semilla ha crecido la evidencia que indica que los hombres no solo están hechos para cuidar a los niños, sino que ser un papá involucrado afecta la fisiología, la psicología y los resultados de los niños por el resto de sus vidas.

En resumen, la presencia o ausencia de los papás marca una diferencia en la vida de sus hijos. 

Los roles están evolucionando y nos damos cuenta de que así como las mujeres siempre han tenido lo que se necesita para ser directoras ejecutivas, los hombres siempre han tenido el poder de nutrir. 

Curiosamente estamos viendo con más nitidez y en muchos más hombres ese nacimiento de ser un papá más allá de solo ser un proveedor.

EL cambio de roles en las mujeres también ha dado lugar a estos cambios. Puede que algunas estén mucho más envueltas en el mundo profesional o que alguna haya decidido tener un hijo sola, sin tener un matrimonio o relación formal. Este cambio de roles y paradigmas tanto en hombres como en mujeres, ha dado pie a nuevos estilos de paternidad, por ejemplo: 

Tipos de padres modernos

Papá no residente

Puede que este tipo de papá no tenga un compromiso emocional de pareja con la mamá, pero aún así se espera que sí desarrolle uno de paternidad al establecer la paternidad legal de los hijos que incluya:

  • Ofrecer atención a los niños
  • Ser fuentes de apoyo emocional
  • Dar apoyo financiero a la madre y los niños

Padres divorciados

Los padres divorciados pasan por una situación similar a los no residentes, se espera que sean capaces de proveer al niño con un ambiente de crianza apropiado tanto económica como emocionalmente y lo ideal es que tanto la figura materna como la paterna hagan gala de una estabilidad emocional suficiente para no transmitir los conflictos a sus hijos.

Si todo esto se da, incluso si la cantidad de tiempo con los niños no es la misma, la calidad de este lo compensará y el padre será capaz de dejar una huella positiva en sus vidas y colaborar constructivamente para que tengan una crianza sana.

Padrastros

Al llegar a una dinámica familiar nueva, deben encontrar un nuevo lugar en la familia y comprender el hecho de que podrían pasar años antes de que sean vistos como una figura “paterna”. La colaboración es clave, tanto el padre biológico como el padrastro y la madre deberán establecer un equilibrio que les permita convivir sin desautorizarse mutuamente y poder mantener unas bases sólidas sobre las que los niños puedan crecer sintiéndose seguros.

Padres gays 

Han sido incontables las veces en las que se ha hablado de que ser criados por dos padres hombres puede afectar la salud mental de los niños.

La ciencia ya se ha encargado de desmentir por completo este mito y demostrar que no hay efectos negativos psicológicos de ningún tipo en los niños criados por parejas gays. No hay evidencia de que los homosexuales no puedan ser buenos padres y, en realidad, estudios han comprobado que son tan capaces de proveer ambientes hogareños, por lo que su dinámica con los hijos y lo que se espera de ellos en las familias no cambia.

Padres que se quedan en casa

Se centran en los cuidados físicos y emocionales de los hijos, en lugar de ser el proveedor del hogar. Aun así, tanto él como la madre pueden ser las fuentes de disciplina en este. Esta decisión puede estar llena de prejuicios contra los padres, porque se alejan de los cánones establecidos. Pero, afortunadamente esto está comenzando a mutar para aceptar que estas características “femeninas” como las muestras de afecto y el cuidado a los hijos son, en realidad, elementos que la pareja puede manifestar por igual.

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No solo los bebés, los papás también se benefician al estar más presentes. 

¿Sabías que los cuerpos de los hombres se transforman cuando se convierten en papás?

Así es, no sólo las mujeres, también en ellos su sistema hormonal se altera drásticamente cuando se convierten en papás.

Esta es una revelación asombrosa que implica que, a pesar del papel estrecho en el que los papás que han estado (queriendo o no, conscientes o no, manteniendo una camisa de fuerza durante tanto tiempo) es posible que su química interna siempre los ha estado empujando hacia una mayor participación.

Sabemos desde hace mucho tiempo que la oxitocina, la hormona del amor, juega un papel en el vínculo inicial de una mamá con su hijo después del nacimiento. 

Bueno, la misma hormona se genera en papá cuando carga y juega con su hijo recién nacido.

Ahora bien, esa oleada de amor se puede presentar en el mismo instante que ve a su hijo por primera vez o se va desarrollando conforme pasa el tiempo… el continuo contacto con ese pequeño ser puede despertar poco a poco el llamado amor incondicional.

Si bien esa droga de amor se transmite cuando se es un nuevo papá, el nivel de testosterona generalmente disminuye, lo que lo hace menos propenso a comportamientos de riesgo y más capaz de cuidar a su hijo recién nacido. 

Todos los cambios internos pueden depender de la cantidad de tiempo que los papás pasen solos con sus hijos en la infancia y la niñez.

Tener un tiempo en el que el hombre es responsable de la interacción física directa con un bebé, no solo de estar en la habitación, sino de brindar atención, tiene la mayor influencia en el cambio de sus niveles hormonales.

Y de hecho, se ha encontrado que cuanto más tiempo íntimo tiene un papá con su bebé, baja más su testosterona por lo que es más empático y se relaja junto a su hijo.

Definitivamente para que esto suceda, un papá debe estar verdaderamente involucrado en el proceso y mamá debe permitir y fomentar este acercamiento.

Un papá involucrado es aquél que pasa tiempo intensivo y regular con su bebé durante su primer año, y continúa adaptando su participación por el resto de su vida.

 

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Fuentes:

https://lausdeo.world/2017/03/10-cosas-que-los-padres-amorosos-hacen-por-sus-hijos/

https://www.cndh.org.mx/sites/default/files/doc/Programas/Ninez_familia/Material/trip-respeto-dif-masculinidades.pdf

https://kidshealth.org/es/parents/bonding-esp.html

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